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LA ECONOMÍA DEL DOMINGO

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POLÍTICA ECONÓMICA DEL PRESIDENTE SARMIENTO

Domingo Faustino Sarmiento será recordado, para bien o para mal, como “el gran maestro”, “el padre del aula”, como expresa la letra de su himno compuesto por Leopoldo Corretjer.

Además de uno de los personajes más polémicos de la historia argentina, fue presidente entre 1868 y 1874, en el período conocido como “las tres presidencias”. Junto con Bartolomé Mitre (presidente entre 1862 a 1868) y Nicolás Avellaneda (entre 1874 y 1880), construyeron las políticas que sirvieron de base a “la Generación del ’80”.

En conmemoración al Día del Maestro, en que se recuerda la muerte de Sarmiento el 11 de septiembre de 1888 en Asunción del Paraguay, vamos a reavivar ese recuerdo, pero desde una fase menos conocida: desde el punto de vista de su política económica como presidente de la Argentina.

Siguiendo las etapas de análisis de una política económica, comenzaremos por la situación al inicio de la presidencia:

Condiciones iniciales o “margen de maniobra”

El desarrollo del capitalismo mundial atravesaba por un período de expansión desde 1848, caracterizado por el aumento en el tamaño de las unidades empresariales, lo que permitió la baja en los costos y la especialización. Eso trajo la necesidad de expansión de las exportaciones de los países centrales a sus colonias o a los países con influencia colonial, como Argentina. Es el período de comienzo del intercambio de productos terminados por materias primas. También se produjo un abaratamiento importante del costo del transporte, en especial el surgimiento del ferrocarril, de suma importancia para el tipo de comercio de Argentina (productos manufacturados por materias primas). No obstante este crecimiento en el mundo desarrollado, condujo a una depresión de 20 años, desde 1873, cuyo punto más alto fue la crisis de 1890 (la primera que influye fuertemente en la economía argentina).

Para nuestro país, son los años del comienzo de un cambio profundo en la estructura social y económica. En 1857 comienza la historia del ferrocarril en Argentina, con el primer viaje de la locomotora “La Porteña”. También es el inicio de la llegada de inmigrantes, pero sin garantizarles la posesión de la tierra. Argentina se va incorporando al sistema económico internacional y como consecuencia a los períodos de auge y crisis que se trasladan del “centro” a las regiones periféricas, de acuerdo a la situación del capitalismo en Europa.

Objetivos:

La presidencia de Sarmiento, como lo dicho en el comienzo, fue la segunda de las presidencias históricas de Argentina. Estas presidencias históricas o fundacionales del estado argentino moderno tuvieron tres claros objetivos o metas: “nación, constitución y libertad”. La nación entendida como la unión definitiva de las provincias argentinas como entidad superior a las partes que la componen. La Constitución como las bases de los derechos de las personas y del poder. La libertad concebida como principio del liberalismo que dio paso a la “civilización” y relegó a la “barbarie”.

Medidas:

Una de las primeras medidas como presidente de Argentina fue organizar el primer censo nacional, que se realizó en el año 1869. El mismo arrojó el resultado de 1.877.490 habitantes “dentro y fuera del territorio”. Había “6.276 argentinos del ejército en el Paraguay y 41.000 argentinos en el exterior”.

La ola inmigratoria masiva comienza en 1870, desde 1857 habían ingresado 20.000 extranjeros, pero desde 1870 a 1880 llegaron 161.000. El proceso de colonización agrícola que transformaría nuestras pampas litorales en una fábrica de trigo, continuaba sin cesar. La inmigración, cuyo teórico más batallador era al fin el gobierno, ascendía en progresión geométrica. Al mismo tiempo, la red ferroviaria se ampliaba, cumpliendo su función de organizar la gran factoría pampeana y ahogar todo intento de una economía nacional al servicio de los argentinos. El Ferrocarril Oeste, propiedad de la provincia, necesitaba expandir sus líneas hacia los Andes, para restablecer con su trazado la ruta histórica de nuestro comercio con Chile. El Gobierno Nacional le niega los fondos necesarios, mientras entrega concesiones leoninas a empresas de aventureros ingleses que levantan otro ferrocarril, el Pacífico, en competencia con el Oeste. Como lo ha demostrado Scalabrini Ortiz, “el Ferrocarril Pacífico nació para sofocar una empresa argentina”

Lejos de incorporar a los argentinos nativos a las nuevas formas económicas y transformarlos en chacareros capitalistas, el sistema los aniquiló, como a los indios y a las alimañas. En una carta a José Victorino Lastarria, Sarmiento hacía una de sus tantas declaraciones polémicas: “Pudimos en tres años introducir 100 mil pobladores y ahogar en los pliegues de la industria a la chusma criolla, inepta, incivil y ruda que nos sale al paso a cada instante”.

Cierto es que hubo en la presidencia de Sarmiento telégrafos, ferrocarriles, puentes, caminos, escuelas, profesores importados, progresos en distintos órdenes. Sarmiento era un hombre de asombrosa y desordenada actividad y, a pesar de todo, constituía una tentativa de llevar cosas nuevas al interior atrasado, de elevarlo a la escala de lo moderno, desde las condiciones heredadas de la historia. Sarmiento echa las bases de instituciones nacionales y, en un sentido contradictorio y limitado usa de los recursos gubernativos para promover el desarrollo del interior. Esto último chocará con la resistencia de la mezquina oligarquía porteña, para la cual cada peso gastado fuera de Buenos Aires constituía la prueba de un despojo.

El Congreso frena sus mejores iniciativas: no aprueba su proyecto de construir el puerto. Indigna a los porteños que Sarmiento funde en La Rioja una escuela superior y once primarias, entregando para esos fines 25.000 pesos. Promueve la educación popular aunque sobre esto la oligarquía haya exagerado enormemente ocultando el papel de Avellaneda, auténtico propulsor de la educación pública en nuestro país, antes de Roca.

El país, a pesar de los desacuerdos civiles, comienza a crecer. Las tierras se valorizan mientras la oligarquía terrateniente las acapara: el régimen de propiedad agraria ya estaba constituido desde los tiempos de Rivadavia y de Rosas. Sarmiento hace aprobar un empréstito inglés para construir el ferrocarril de Río Cuarto a Tucumán, el puerto, los muelles y almacenes de aduana. El empréstito se verifica, pero las obras públicas quedarán sobre el papel. La guerra del Paraguay insume 30 millones de pesos y la represión contra la rebelión de Ricardo López Jordán, 16 millones.

La relación de dependencia con el Imperio británico se consolida. Según Dorfman, las rivalidades de Gran Bretaña con Estados Unidos y Alemania obligaban a aquélla a una política financiera específica en los países semicoloniales, pues “la única forma de asegurar abundantes exportaciones era la inmensa colocación de empréstitos que implicaban una supeditación económica creciente del país deudor y una inyección de vida en las industrias inglesas”.

Sarmiento pudo no tener la menor idea del significado de estos hechos. Desde los lejanos tiempos de su libro “Facundo”, había predicado en cientos de páginas y discursos el carácter mágico del librecambio. Como presidente no podía amparar la política que había sostenido como escritor.

Fue en su presidencia un prisionero de la oligarquía porteña: vivía en su ciudad, gastaba su dinero, usaba su puerto. Para la insolencia portuaria el primer mandatario sólo era un huésped.

Resulta de interés señalar que, pese a todo, con la Presidencia de Sarmiento renacen a la vida política nacional figuras del viejo federalismo intelectual, como Bernardo de Irigoyen, excluido hasta ese momento de la vida pública por el odio mitrista. Otro provinciano, Avellaneda, será ministro de Instrucción Pública y realizará con brillo y eficacia toda la obra educacional que la propaganda póstuma atribuirá a Sarmiento.

Para finalizar comparto la opinión sobre el gobierno de Sarmiento expresada por Jorge Abelardo Ramos en su libro “Del patriciado a la oligarquía”:

“Sarmiento fue el resultado de una inestable transacción entre el interior y Buenos Aires. De antiguo embrujado por una Europa mal comprendida, encarnó al mismo tiempo la aspiración de la burguesía provinciana por elevarse a la civilización. Sus extravagancias personales se explican por esa base contradictoria de su política. Ni genio, ni loco, ni padre de la patria, ni sinvergüenza. Liberales y clericales lo han simplificado con la apología o el denuesto. Las tensiones interiores de su personalidad eran tan divergentes como la tierra y la época que las produjeron”

JORGE VILARRASA (ECONOMISTA)

 

1 Comment on "LA ECONOMÍA DEL DOMINGO"

  1. Carlos Pacuá | 18 septiembre, 2017 en 13:49 |

    Gracias Jorge, por aclarar algunas dudas sobre la gestión de este señor. Saludos

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