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LA ECONOMÍA DEL DOMINGO

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CRECIMIENTO Y DESARROLLO

El domingo anterior, cuando desde esta columna se hizo un repaso de algunas ideas económicas del General San Martín en su faceta como gobernador de Cuyo, entre 1814 y principios de 1817, fecha en que su ejército partió a través de la cordillera de los Andes, hacia Chile y de allí hacia Perú, dejando una huella de libertad e independencia para todos los americanos; el actual ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, nos sorprendía con otra declaración en un reportaje al diario La Nación: “Se vienen 20 años de crecimiento para la Argentina“.

Ante la pregunta: Usted habló de brotes verdes, el fin de la recesión, bosques verdes… ¿qué es lo que viene?, la respuesta completa fue:

Veinte años de crecimiento. Estamos en camino a construir una economía solvente, que puede resistir shocks, donde el crecimiento está liderado por la inversión, que nos permite ser más productivos, prósperos y con salarios altos. Va a haber lugar en esta economía para todos los argentinos. Si crecemos 20 años al 3% anual, vamos a duplicar los ingresos y vivir en un país mejor. Esta será la primera generación que dejará un país mejor que el que recibió“.

Además de incluir estas afirmaciones en el marco de lo que hoy se considera la posverdad, o sea que “las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público”, trataremos de realizar un breve análisis sobre los términos crecimiento y desarrollo, para comprender que el crecimiento es una condición necesaria, pero no suficiente del objetivo primordial para nuestras economías: el desarrollo económico.

El crecimiento es mensurable y objetivo, describe la expansión de la fuerza del trabajo, del capital, del volumen del comercio y el consumo. La forma de medirlo es a través del aumento del PBI (Producto bruto interno). Otra forma es medirlo en términos per cápita (dividiendo el producto por la cantidad de población).

El desarrollo, en cambio, describe los cambios económicos, sociales y de cualquier tipo que den lugar al crecimiento. No es medible a través de indicadores ya que representa un aumento en la calidad de vida de la población, al mantener la producción, el empleo, el consumo, el ahorro, la inversión y la productividad en niveles que aseguran la satisfacción económica y social.

La historia económica de la Argentina tuvo épocas de gran crecimiento que no se tradujeron en aumentos de la calidad de vida para gran parte de la población, sobre todo la más vulnerable, que terminó consolidando un núcleo duro de pobreza hasta nuestros días.

Uno de los ejemplos de esta dicotomía fue la evolución del país entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX. Los hombres de la “generación del ’80”, que consolidaron la organización jurídico institucional de la Argentina, eran liberales en lo económico y conservadores en lo político e impusieron un modelo económico agroexportador (carnes y granos). Por un lado, se generaron crecimientos económicos espectaculares del P.B.I. multiplicando las exportaciones por 10 desde 1860 a 1910, aumentando la superficie cultivada de 2,4 a 14,3 millones de ha. entre 1888 y 1914 y extendiendo la red ferroviaria de 2.300 km a 33.500 km de 1880 a 1913. No obstante, los grupos que detentaron el poder consideraban que ese crecimiento económico, derrama de manera natural, tarde o temprano, hacia los sectores de menores ingresos, aunque el Estado asuma un rol pasivo en la generación de políticas de distribución de la riqueza. A esto se le llamó “Teoría del derrame”. Debido a que esto no se verificó en la realidad, la cuestión social fue agravándose a medida que se incrementaba la población proveniente de la inmigración europea. Estos sectores populares, debieron hacerse cargo por sí mismo para solventar las falencias, creando, por ejemplo, hospitales y mutuales de sus respectivas colectividades.

Recién después de la actuación de gobiernos donde el Estado comienza a tener influencia en lo social, en forma muy incipiente durante el radicalismo, desde 1916 a 1930 y fuertemente en la experiencia peronista, desde 1945 a 1955, las políticas de redistribución del ingreso generadas desde el Estado provocan el derrame hacia el desarrollo económico de todos los sectores sociales.

 

JORGE VILARRASA (ECONOMISTA)