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LA ECONOMÍA DEL DOMINGO

ciclos

POLÍTICA ECONÓMICA ARGENTINA Y CICLO ECONÓMICO

En el artículo de esta columna “La economía del domingo”, del 15 de julio pasado, titulado “Populismo, Neoliberalismo y Economía anticíclica”, se puede extraer la siguiente pregunta para reflexionar sobre la particular situación de Argentina y el ciclo económico

  • ¿Porqué, los sectores que representan políticas económicas llamadas populistas, ligados particularmente al peronismo, no pueden generar desde el Estado, medidas económicas anticíclicas, que impidan, superen, o minimicen los efectos del ciclo económico, tanto en la etapa de reactivación y auge, como en la etapa de recesión y depresión?

Sin el ánimo de agotar el debate, podríamos comenzar por describir lo ocurrido en lo que va del siglo XXI.

Los gobiernos “populares, progresistas o pupulistas” (como se los quiera llamar), surgidos en América Latina desde principios del siglo XXI y en Argentina después de la gran crisis del 2001, se propusieron con distinta suerte profundizar en la redistribución del ingreso nacional a través del incremento del gasto público, especialmente social.

Durante la etapa de salida de la recesión a partir de 2003/2004 se produce un incremento importante de los precios internacionales de los productos primarios en el mundo que revirtió la situación que atravesaron los países latinoamericanos durante la mayor parte del siglo XX, caracterizada por su efecto contrario: el deterioro de los términos del intercambio internacional. La mejora de los precios de cereales, petróleo y otros recursos naturales, como la minería, que algunos llamaron el “viento de cola” del modelo, posibilitó la apropiación por parte del estado de parte de las rentas generadas por estos recursos, que pasaron de las manos privadas al estado, como el caso de las retenciones a las exportaciones agrícolas y de la minería en Argentina.

Esta situación, que duró hasta 2007/2008, generó fondos para dedicarlos al gasto social, pero también para tratar de reducir el peso de la deuda externa, que durante el siglo XX resultó una verdadera sangría en concepto de intereses. Las políticas económicas anticíclicas recomendadas para incrementar el ahorro público en ese período, a la espera de la etapa de caída del ciclo, por ejemplo, podrían haber sido: tratar de salir del congelamiento de las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, servicios sanitarios, transportes, etc) en forma gradual y moderada, para evitar la crisis energética y de transporte que se produjo posteriormente. Esto no se hizo, perdiendo paulatinamente los superávits fiscales y externos, manteniendo la expansión de la economía, pero a costa del incremento de la inflación.

Esta etapa del ciclo económico se extendió hasta 2011 y sirve de marco al triunfo del kirchnerismo en ese año. Pero de 2012 en adelante, con los cambios a nivel internacional y la intención de zafar de la recesión a través del incremento de la inflación (manipulación de las estadísticas del Indec, incluida), el modelo económico falla para mantener las bases del crecimiento económico. A esto se agregan las fundadas sospechas de corrupción en gran parte del gobierno, lo que configura un panorama desalentador para la economía nacional.

Lo concreto es que, inevitablemente, debían realizarse cambios en la política económica con la asunción del nuevo gobierno en 2015. Las elecciones dieron ganador a Macri y con él a los representantes de los sectores medios altos y altos de la sociedad en materia de ingresos. Reaparece el neoliberalismo, que apoya una amplia liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en favor del sector privado, que pasa a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado.

Este tipo de política muy difícilmente llegue a la etapa del ciclo caracterizada por el auge y la reactivación, porque no está en su intención ideológica el crecimiento del consumo y la redistribución del ingreso hacia los que menos tienen y están excluidos de los beneficios del crecimiento económico. Inevitablemente, también se produce el repudio de esa política de minorías y su consecuente pérdida en la consideración electoral de la mayoría de la sociedad.

 

JORGE VILARRASA (ECONOMISTA)