Giro en uno de los casos más conmocionantes de inseguridad: a la vecina de Merlo que murió arriba del colectivo la mató una bala policial

Uno de los más resonantes casos de los últimos tiempos produjo la semana pasada un vuelco impactante: la muerte de una pasajera en un micro en Esteban Echeverría, el 27 de diciembre de 2018, no fue obra de ladrones que subieron al vehículo sino de un policía de la Ciudad de Buenos Aires. El efectivo disparó cuatro veces en un colectivo repleto de personas y mató a Sandra Rivas, la pasajera de 46 años oriunda de Merlo. El uniformado que disparó tiene 19 años, había egresado de la academia el 11 de diciembre de 2018 y disparó dentro del micro el 27, a apenas 16 días de ser policía.

El caso produjo un impacto mayúsculo porque se situó a la víctima como protagonista de una historia dramática. Otra pasajera contó que ella empezó a gritar “no quiero morir, no quiero morir” y Rivas la cubrió, recibiendo el disparo. La investigación y las pericias ordenadas por el fiscal Andrés Devoto no sólo demostraron que la muerte se produjo por uno de los cuatro disparos del policía sino que tampoco está claro que los delincuentes hayan disparado: no se encontró ningún proyectil ni vaina salida de otra arma que no fuera la del policía.

Junto al efectivo que disparó, en el asiento contiguo, viajaba otra mujer policía, pero de una fuerza distinta: la Bonaerense. La mujer mantuvo la calma y no disparó, contradiciendo la tradición de su fuerza. Cuando uno de los delincuentes salió corriendo, entre los dos efectivos lo persiguieron, no pudieron alcanzarlo pero pidieron un refuerzo y un patrullero de la Bonaerense lo redujo sin disparar un tiro. No se aplicó la doctrina Chocobar-Bullrich de tirarle al que huye.

Sandra Rivas
Uno de los delincuentes detenidos por el intento de robo a bordo de la costera en el que murió Sandra Rivas

Inicialmente se creyó que los dos ladrones, Gabriel Ledesma y Mauricio Parodi, fueron los que dispararon y dieron muerte a Rivas, sentada en la parte delantera del ómnibus. En especial jugó un papel la sangre que le vieron a la mujer en la cara, arriba de la nariz, y luego el relato de la pasajera que contó que Rivas la protegió. Sin embargo, la autopsia ordenada por el fiscal Devoto demostró que la sangre en la cara correspondía al orificio de salida y que la bala entró desde atrás, atravesando el asiento, ingresando en el cráneo y saliendo por adelante. Los asientos del micro La Costera, de media distancia, son altos y por eso la trayectoria atravesó el respaldo e impactó en la mujer. Eso prueba que los disparos vinieron de atrás, donde estaba el policía, y no de adelante donde estaban los delincuentes.

El jueves pasado se concretó la pericia planimétrica, o sea el estudio, incluso con rayos laser, de las trayectorias de las balas y dónde estaba ubicada cada persona. Ese estudio confirmó lo que era evidente. El policía de la Ciudad, colocado en la tercera fila contando desde el fondo, gritó ¡Alto, policía!, disparó en diagonal, de atrás hacia adelante, donde estaban los delincuentes, y también en dirección al lugar donde estaba sentada Sandra. La proyección con laser se convirtió en una prueba indubitable.

Pero, además, en el asiento ubicado inmediatamente adelante de donde estaba el agente se encontraron las vainas servidas de los cuatro disparos que hizo. Se trata de vainas de proyectiles FLB, iguales a las que tenía el joven uniformado en el cargador y distintas a los proyectiles CBC que tenía la mujer-policía de la Bonaerense. También se encontraron el resto de los impactos del policía: uno en el vidrio de adelante, otro que hirió a uno de los ladrones y el cuarto en el brazo de otro de los ladrones. En todo el micro no se encontraron más vainas ni proyectiles que esos, lo que –en principio– significa que no disparó nadie más. Hubo otro pasajero herido, lo que hace presumir que la bala que atravesó el brazo del pasajero fue la que terminó en el parabrisas, pero eso no está claro.

Para el policía lo ocurrido también tiene un costo: de hecho el efectivo de la Ciudad fue notificado de que será imputado por homicidio. Es muy posible que termine acusado por homicidio culposo, es decir no intencional, pero afronte una condena penal y una posible inhabilitación por muchos años.

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