EL UCRANIANO QUE LIMPIÓ EN CHERNOBYL Y HOY DISFRUTA DE SU VIDA EN MERLO

Oleksandr Zahorodnyuk trabajó un mes en la planta nuclear luego de la explosión de 1986. Manejaba un camión que transportaba científicos y sacaba escombros. Hoy arregla autos y es remisero.

En su morral de cuero negro lleva la computadora de abordo de un Ford Taurus viejo, que acaba de retirar recién reparado de un taller en el barrio de Monte Castro, en Capital. Desde que Oleksandr Zahorodnyuk (62) llegó de Ucrania en 1998 se las arregla como mecánico, aunque dentro de la gama del rebusque en Río Alegre de Mariano Acosta, donde vive, también oficia de remisero.

Pero por estas horas lo que más tiempo le insume es el repaso de su anecdotario como “liquidador” de Chernobyl, la planta nuclear que explotó el 26 de abril de 1986 y en la que trabajó durante casi un mes obligado por el entonces gobierno soviético.

“Vivía a 800 kilómetros al sur Chernobyl, donde trabajaba de camionero de una empresa constructora que daba servicio a una planta nuclear”, rememora Oleksandr sobre la otra base nuclear. Recuerda que se enteró de la explosión de Chernobyl por la televisión rusa, pero creyó que se trataba de algo menor y que ya estaba controlado, como informó en aquel momento el gobierno ruso.

Unos cuatro meses después de la explosión del reactor cuatro,  fue convocado por la URSS. “Nos dijeron que cobraríamos en una quincena lo mismo que en tres meses de trabajo. ¿Quién no quiere ganar esa plata?”, se pregunta en un castellano algo tosco, y enojado por no haber contado con la información necesaria en ese momento. “Al comienzo llevaban a los dosimetristas en una camioneta blindada”, recuerda con precisión. Eran los encargados de registrar la radiación en el ambiente.

Oleksandr llegó al país el 23 de noviembre de 1998, vivió en Ciudadela, aunque en el documento anotaron su residencia en Liniers. Después de trabajar 11 años en un taller mecánico en Núñez, en los que visitaba a un amigo ucraniano -“paisano”, como lo llama- en Barrio Río Alegre, se mudó a esa zona de Merlo tras cobrar una indemnización. Ahí pudo comprar un lote de 12 metros por 50 de fondo. Se mudó con su esposa Soraya, nacida en Perú, y su hija Irina de 16 años, quien estudia flauta en el Conservatorio Municipal Alberto Ginastera de Morón.

Suele tomar La Perlita para ir hasta la estación de Moreno y derrocha elogios del barrio en el que viven unas 25 familias ucranianas. “La gente cría vacas, caballos. Como en Ucrania: casas, terreno grande, casa, terreno grande. Semi rural. Aquí puedes comprar leche, queso. Y hay mucho aire”, asegura el vecino que eligió para vivir las orillas de otro río, el Reconquista, que nace a metros de su casa en el Dique Cascallares.

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