DISPUESTA A TODO PARA AYUDAR A SU HERMANA

Mariana parte todos los días de Merlo para recibir donaciones en Caballito. La mujer tiene al cuidado a su familiar, que sufre parálisis cerebral. 

Sin otra opción para poder subsistir, Mariana acude a la ayuda de transeúntes y vecinos en el barrio de Caballito, con el objetivo de poder satisfacer las necesidades básicas de su hermana mayor, quien sufre parálisis cerebral. Justamente la mujer improvisa una cama en la vía pública para que su hermana descanse, mientras ella pide alimentos, pañales y ropa usada.

Una muestra de lucha por salir adelante que conmueve no sólo a quienes transitan por la mencionada zona porteña sino también en las redes sociales. Partiendo de Merlo todas las tardes, desde las 15, Mariana Mansilla, de 47 años, traslada a su hermana Patricia, de 49, en una casera silla de ruedas, hacia su única fuente de ingresos, a pocos metros de la estación Primera Junta, de la línea A de subte.

Una odisea diaria que deben sortear con el fin de obtener los recursos suficientes que les permitan pagar el alquiler de la vivienda de Merlo, como así también obtener alimentos y pañales. Al respecto, Mariana señaló que «la gente me compra leche, o un alimento porque nosotros pedimos alimentos. Además nos donan ropa usada, que después vendo en la feria, pero no pedimos plata. La mínima donación es fundamental porque con eso puedo llegar a pagar el alquiler».

Sin otra opción para poder subsistir, Mariana acude a la ayuda de transeúntes y vecinos en el barrio de Caballito, con el objetivo de poder satisfacer las necesidades básicas de su hermana mayor, quien sufre parálisis cerebral. Justamente la mujer improvisa una cama en la vía pública para que su hermana descanse, mientras ella pide alimentos, pañales y ropa usada.

Posteriormente a su llegada, Mariana coloca unas mantas en el piso, para acostar a su hermana dado que «al no tener una silla postural, no puede estar mucho tiempo en la que tiene ahora porque le resulta incómoda». Luego permanecen en la vía pública durante cinco horas, sentadas en la vereda, y la menor de las hermanas sosteniendo un cartel que exclama que «necesito leche, ropa, aceite. En lo que puedan ayudarnos se los voy a agradecer».

En este sentido, Mansilla reconoció que «pedir es humillarse, pero lo hago para llegar a poder comer y vivir. Debo elegir entre mi vergüenza y la subsistencia de mi hermana y prefiero esto último». A su vez, aclaró que «acompañar a una persona discapacitada es estar atada de pies y manos porque no puedo trabajar y no me queda otra que pedir».

La iniciativa y el sacrificio de la mujer radican en que «al no poder expresarse, la única persona que la entiende soy yo, sé cuando tiene hambre y frío. Yo encontré la manera de entenderla, no es fácil, no lo puede hacer cualquier persona e internarla en un lugar implica eso, que no la entiendan. Por eso prefiero que esté conmigo, si sufre, que sufra conmigo».

Bajo esta conmovedora muestra de esfuerzo por su hermana discapacitada, que está a su cargo desde hace una década, soportando discriminaciones, manifestaciones violentas y superando un pasado por demás tormentoso, Mariana acude en ayuda. Todo aquel que desee colaborar con ella y con Patricia, principalmente con pañales, alimentos y una silla postural, puede hacerlo comunicándose al 1123434428.